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Monday, November 08, 2004

En cartelera: vaciando nuestros bolsillos sin alimentar nuestros criterios.

Parado frente a cartelera, incandilado por la luminosidad de sus luces, lleno de incertidumbre y de angustia, te debates entre la eleccion o no de una película. Será ésta o será aquélla. Es ésta menos mala que aquélla. Valdrá la pena gastar 40 pesos por ver ciento y pico de minutos atiborrados de clichés cinematográficos, de fórmulas recicladas, de historias repetidas, de finales similares; o será mejor gastarlos en un par de cervezas y más aún si están al 2x1: bajo está ecuación tenemos que por 40 pesos podemos tomar 4 cervezas, si el tomarte una cerveza en promedio te lleva 45 minutos en total tenemos que 4 cervezas nos llevaría 180 minutos. Ciento ochenta minutos de buena compañía, buena música, plática amena, en fin, un gran ambiente, parece esto mucho mejor que ciento y pico de minutos sentado frente a la gran pantalla. Aquí radica la angustia de la desición: tiene que ser un muy buen filme que valga la pena tu dinero y tu tiempo.

¿Cómo elegir? Acaso, haciendo uso de tu intuición -'me parece que ésta es muy buena, su título es pegajoso y su portada me llama la atención', o con conocimiento previo gracias a la efectividad de una campaña publicitaria después de meses de bombardeo constante -'tengo que ver ésta. Todo el mundo la ha visto...tanta gente no puede equivocarse...debe de ser buena'.

A veces nuestra elección se puede facilitar respondiendo a nuestros gustos e intereses, sistematizado y/o categorizado el producto, la elección se encontrará respaldada y justificada -'hhmmm ésta es de suspenso, me gusta el suspenso, es la indicadada'. El cine de cartelera funciona bajo la misma lógica con que funciona un supermercado: dime qué necesitas y te diré que te vendo. El cine de cartelera sigue la única ley fundamental del mercado: oferta y demanda. Aunque, en el caso del cine y de todo el entretenimiento, dicha ley está corrupta: rara vez se ofrece lo que se demanda, y se impone y consume lo que se nos es ofrecido.

Así las cosas, me decidí por dos películas: The forgotten (Misteriosa obsesión, título en español) elegida por el método de la intuición (me llamó la atención tanto el título como el cartel) y, The exorcist: the beginning (El exorcista: el comienzo, título en español) elegida ésta bajo el método de la mediatización.

¿Qué se puede decir de este par de películas? Para efectos y contenidos de la clase podríamos decir que ambos filmes son típico ejemplo del estilo cinematográfico considerado como clásico. El drama o la historia llenan esos ciento y pico de minutos, la verdad es el mundo de los personajes, en ambas los personajes no son caracterizados por divas o "estrellas" del cine. El director, a quién le importa quién es el director, en cuanto la pantalla se pone negra y aparecen las "letritas" la gente se libera de su butaca y se dirige a la salida murmurando si la película está curada, si fue un "churro" o si la historia estaba buena. En este estilo el director se vuelve invisible, irrelevante. Ninguna se destaca por un uso experimental o estético de la narración visual, no hay encuandres ni composiciones impresionantemente destacados. Lo que se pude destacar de este etilo clásico de hacer cine es un elemento que no se ha tocado o mencionado en el curso (hasta donde yo puedo afirmarlo), dicho elemento es el uso de lo que se conoce como efectos especiales. Creo que actualmente es un elemento que ha reimpulsado al cine como industria de consumo, ofreciendo a los espectadores nuevos alcances de narracion visual susceptibles de ser llevados a cabo.

Para cerrar esta entrega, justificaré el título de estas ideas: vaciando nuestros bolsillos sin alimentar nuestros criterios. En el cine como industria, el cine es considerado como un producto que hay que vender. El cine en cartelera es un negocio donde ganan dinero desde los grandes consorcios de producción hasta el empleado con el más bajo rango jerarquico en una sala de exhibición. Ganar dinero es la única condición, no te salgas de los patrones. Sigue las fórmulas comprobadas del éxito. Construye historias simples con finales felices. Maneja sentimientos en lugar de razonamientos. Si tu película es mala, miente en los medios y asegura que es buena, al final quién se queja, ¿la gente? La gente qué sabe de crítica, la gente necesita ser entretenida porque la vida está muy perra como para sentarse por ciento y pico de minutos de análisis, porque sólo así puede evadir la realidad, aunque tan sólo sea por ciento y pico de minutos.

Mientras, la angustia sigue: arriesgar 40 pesos y adivinar qué película es menos igual que las demás, y que por esto valga la pena, o gastar 40 pesos de cerveza en una noche de amigos y música.