Todo estaba planeado. Si no expresamente planeado, punto a punto o paso a paso; sí lo tenía todo planeado en su cabeza. Donde grandes batallas tienen lugar, ideas encontradas, ideas disléxicas e ideas frustradas por salir en el instante en que se generan y de la misma manera en que se conciben. Él lo intuye siempre, ella se lo dice fervientemente: eres brillante. Lo único brillante y hermoso de su cabeza es ella. Ella siempre está ahí. Su recuerdo es tan permanente y vivaz, que no se libra de él ni por un segundo. Y es un recuerdo tan real, tan vivido porque es absorvido con todos los sentidos, una especie de memoria sensorial podríamos decirle. Su recuerdo no es una simple memoria fotográfica de su cara hermosa, no. Su recuerdo puede sentirlo. Sí lo desea puede sentir su piel debajo de sus manos o en su pecho puede sentir el pecho de ella, cuando evoca la sensacion de sus buenas y amorosas manos acariciándole su cara siente elevarse y ponerse en órbita en micras de segundo. Si lo prefiere puede abrir las ventolas de sus fosas nasales y tras una gran y profunda aspiración respira su presencia evocando el olor de su perfume. Su perfume. No el perfume que ella usa, si no el perfume que su ser transpira.
El plan era simple. Tan simple que no había plan. El plan era no tener plan. El plan era pasearse por la ciudad. Llevar toda la tarde las ruedas del jettita rojo por calles desconocidas quemando gasolina. Y cuando el hambre asaltara, comprar lo necesario para hacer unas simples tortas de jamon con queso fresco. Pero nunca pasear con ella será algo simple. Tenerla a un lado es mas que una simple compañía. Tenerla a un lado es ponerse en orbita, es perderse en la mirada brillosa de sus ojotes grandotes, hermosos, que con un destello de su mirada es capaz de hacer toda una declaracion profunda de amor. Tenerla a un lado es embriagarse con su perfume. Tenerla a un lado es estrechar su mano y sentir todo el amor y cariño que transmite a traves de cada uno de sus poros de su piel. Tenerla a un lado es irse lejos al peinar y acariciar su pelo. Tenerla a un lado es lo unico que quieres hacer. Tenerla a un lado es pasear en órbita, sin conciencia del espacio y tiempo.
De pronto aterrizas para darte cuenta que el espacio-tiempo que has dejado de lado te ha llevado a comprar sushi barato y a pasar un enfadoso contratiempo. Así, súbitamente el plan ya se ha concretado, una tarde de verano pasto y aire libre de un parque publico ha conformado lo que parece un buen plan. Las llantas del jettita rojo se dirigen pues al Parque de la amistad.
Mientras transitan las calles destino al parque, ella presiente como muchas otras veces, como muy a menudo lo hace, una contingencia mayor. Ella lo diría orgullosamente. Lo dice bien segura y orgullosa que es clarividente, que adivina y presiente circunstancias y eventos próximos. Tú de igual manera lo crees y te asombras de confirmarlo cada vez mas que atina un presentimiento. Lo que no es asombro alguno es la manera en que la amas. La manera en que te pierdes en sus brazos. La manera en que todo, todo, está en paz y seguro en su cobijo. La manera en que sus ojos brillan cada vez que te miran diciéndote lo mucho que te aman. La manera en que... - Y si esta cerrado?- ella preguntó presintiéndolo fervientemente. Aun sabiendo que podria ocurrir así y con el deseo de que el plan no fracasara contestaste - Neh, es jueves...tiene que estar abierto. Tiene que estar abierto, tiene que estar abierto, tiene que estar abierto, tiene que estar abierto...era el imperativo que esperaras se cumpliera aun cuando estaban a las puertas del parque y no se veia campistas dentro de él, existía la esperanza de que tenía que estar abierto. Pero como una vez mas ella atino, el parque estaba cerrado. De nuevo el plan debía de improvisarse.
Rápida y sagazmente él resolvió la contingencia y ofreció reubicar el destino del hermoso paseo, -vamos al parque de la calle tercera? Realmente no fue una resolucion ni rápida ni sagaz, siplemente no encontró mejor opción. Sin embargo, a ella no le importó ese detalle y volvió sus ojos hacia los de él y mirándolo por momentos sublimes, pues sus ojos enamorados brillaban dilatando sus pupilas y alargando aun más sus ya largas pestañas, entonces con su dulce voz, esa voz que a menudo promovía en él la confesión de amarla, dijo: - Yo voy a donde tú me lleves!
Lo que sucedió después, el narrador lo encuentra sumamente íntimo para compartirlo y contarlo. Pues como es de saberse, se trata de un narrador prudente, además de otro puñado de cualidades humanas y recursos discursivos narrativos. Por eso este narrador ha decidido terminar aquí esta anécdota. Que sea pues como en las películas viejas de amor, veamos la historia terminar viendo el jetta rojo partir. La pantalla esta por cerrarse en negro no sin antes dejar ver en una burbuja a él y ella darse un dulce beso.